Cuidar de mí, cuidar de tí
Cuidado y responsabilidad.
¿Cuándo cuidar del otro es responsabilidad nuestra? ¿y hasta qué punto lo es?
Surge hoy el tema hablando con una amiga: otra amiga cercana a ella está pasándolo mal.
¿Cuál es el problema? Esta mujer, llamémosla X, tiene una hermana con un problema de alcoholismo por la que ha estado preocupándose y de la que ha estado ocupándose.
Total, X, que ha estado cuidando a alguien que ya tiene edad más que sobrada para cuidar de sí misma, acaba sintiéndose fatal y convertida en "la mala" porque en un punto decide ponerle límites a su hermana, unos límites perfectamente razonables dado que la hermana se ha extralimitado inmiscuyéndose más allá de lo admisible en la vida de X y tratando de alterarla sin su conocimiento ni su consentimiento.
¿Por qué hay tanto consenso social en eximir de responsabilidades a gente adulta que no está mentalmente discapacitada? por una corriente de pensamiento mayoritariamente asumida que dice que alguien que se droga es irresponsable, alguien que bebe es irresponsable, alguien que ha sido maltratado es irresponsable.... Irresponsables, todos irresponsables.
No puedo estar más en desacuerdo, que alguien no quiera responsabilizarse de su vida y que no pueda son dos cosas distintas. Efectivamente hay un montón de gente convencida de que la responsabilidad de lo que hace no es suya sino de sus padres, de la vida, de la bruja de su mujer, de la situación... de todo el mundo salvo suya; la cuestión es que hay mucha más gente aún dispuesta a asumir que esto es así, que son pobres víctimas de las circunstancias a las que hay que arropar, consentir y malcriar; a las que hay que suplir y de las que hay que responsabilizarse para que puedan seguir siendo irresponsables.
Y esto es FALSO, un adulto en plena posesión de sus facultades mentales es alguien perfectamente capaz de asumir la responsabilidad de su propia vida y en absoluto debe ser animad@ a verse como alguien exento de responsabilidad o que requiere de cuidados excepcionales. Más bien debería ser urgid@ a hacerse cargo de sí mism@ sin tardanza.
Considerar enfermas a las personas con problemas de dirección vital, de autorresponsabilidad y de volición es un error que contribuye a agravar el problema. Puesto que están "enfermas" se entiende que requieren cuidados, cuando el hecho es que una "enfermedad volitiva" no es una enfermedad en el sentido en que lo es un cáncer, no es una enfermedad que requiera que el "enfermo" sea cuidado, que sea considerado como "no responsable" y su responsabilidad derivada a sus allegados, que deberán asumir la responsabilidad del "enfermo" y en este sentido "sustituirlo"; muy al contrario, lo que es urgente es que el "enfermo" aprenda a asumir la plena responsabilidad de su existencia, que aprenda a reconocer que lo que hace lo hace él/la, que se lo hace a sí mismo o a otros, que el alcohol o las drogas no disculpan sus actos ni le eximen de culpa, que si atropella a alguien no son las drogas o el alcohol sino él/ella quien lo hace; que si roba a alguien es el/ella quien lo hace, que la responsabilidad derivada de sus actos es suya y sólo suya porque suyas son las acciones y las consecuencias que de ellas se derivan y que resultan merecedoras de repulsa o elogio.
Ser persona es ser responsable, es aprender que debemos ser cuidadosos con lo que hacemos ya que nuestros actos conllevan consecuencias.
Si yo una noche bebo sin medida, cojo el coche con tres amigos dentro y me estrello matándolos a los tres, podré pretender que la culpa fue del alcohol pero no mía, pero esta pretensión matará mi alma, me impedirá la redención y me pondrá para siempre en manos del alcohol; para poder ser irresponsable yo, tendrá que ser responsable el alcohol y esto le dará poder sobre mi vida para siempre: el alcohol es poderoso, yo no; el alcohol es responsable, yo no.
¿Cuál es la realidad? Yo fui responsable, fue mi irresponsabilidad con el alcohol la que provocó el problema. Y puesto que yo fui el responsable, debo asumir mi responsabilidad y pagar por lo que hice para ponerme en paz conmigo mismo y es que de lo contrario ¿cómo podría perdonarme?
Cada uno de nosotros es responsable de sí mismo y debe dar cuenta de sí.
Posiblemente no haya ningún dios vengador esperando para pesar nuestra alma, ningún tribunal de dios para evaluar nuestra vida, pero jamás podremos librarnos de nosotros mismos y de nuestro juicio acerca de lo que somos y lo que hacemos salvo que abracemos la irresponsabilidad y nos entreguemos a ella, optando de esta manera por la locura y la muerte en vida.
Resumiendo: Somos lo que hacemos y eso es fantástico ya que por malas que hayan sido nuestras acciones hasta este momento, podemos cambiar.
No intentes cambiar lo que eres, fracasarás, cambia lo que haces, guíate por tus valores y serás dueñ@ de tu vida, un ser humano cabal, digno de la vida.
Y eso es lo que nos deseo a tod@s en este lluvioso domingo de abril, que cuando echemos la vista atrás nos sintamos orgullosos de ser quienes somos, de haber crecido para convertirnos en personas responsables, íntegras, en seres humanos dignos de esta vida que nos ha sido dada para llevarla a su plenitud.
¿Cuándo cuidar del otro es responsabilidad nuestra? ¿y hasta qué punto lo es?
Surge hoy el tema hablando con una amiga: otra amiga cercana a ella está pasándolo mal.
¿Cuál es el problema? Esta mujer, llamémosla X, tiene una hermana con un problema de alcoholismo por la que ha estado preocupándose y de la que ha estado ocupándose.
Total, X, que ha estado cuidando a alguien que ya tiene edad más que sobrada para cuidar de sí misma, acaba sintiéndose fatal y convertida en "la mala" porque en un punto decide ponerle límites a su hermana, unos límites perfectamente razonables dado que la hermana se ha extralimitado inmiscuyéndose más allá de lo admisible en la vida de X y tratando de alterarla sin su conocimiento ni su consentimiento.
¿Por qué hay tanto consenso social en eximir de responsabilidades a gente adulta que no está mentalmente discapacitada? por una corriente de pensamiento mayoritariamente asumida que dice que alguien que se droga es irresponsable, alguien que bebe es irresponsable, alguien que ha sido maltratado es irresponsable.... Irresponsables, todos irresponsables.
No puedo estar más en desacuerdo, que alguien no quiera responsabilizarse de su vida y que no pueda son dos cosas distintas. Efectivamente hay un montón de gente convencida de que la responsabilidad de lo que hace no es suya sino de sus padres, de la vida, de la bruja de su mujer, de la situación... de todo el mundo salvo suya; la cuestión es que hay mucha más gente aún dispuesta a asumir que esto es así, que son pobres víctimas de las circunstancias a las que hay que arropar, consentir y malcriar; a las que hay que suplir y de las que hay que responsabilizarse para que puedan seguir siendo irresponsables.
Y esto es FALSO, un adulto en plena posesión de sus facultades mentales es alguien perfectamente capaz de asumir la responsabilidad de su propia vida y en absoluto debe ser animad@ a verse como alguien exento de responsabilidad o que requiere de cuidados excepcionales. Más bien debería ser urgid@ a hacerse cargo de sí mism@ sin tardanza.
Considerar enfermas a las personas con problemas de dirección vital, de autorresponsabilidad y de volición es un error que contribuye a agravar el problema. Puesto que están "enfermas" se entiende que requieren cuidados, cuando el hecho es que una "enfermedad volitiva" no es una enfermedad en el sentido en que lo es un cáncer, no es una enfermedad que requiera que el "enfermo" sea cuidado, que sea considerado como "no responsable" y su responsabilidad derivada a sus allegados, que deberán asumir la responsabilidad del "enfermo" y en este sentido "sustituirlo"; muy al contrario, lo que es urgente es que el "enfermo" aprenda a asumir la plena responsabilidad de su existencia, que aprenda a reconocer que lo que hace lo hace él/la, que se lo hace a sí mismo o a otros, que el alcohol o las drogas no disculpan sus actos ni le eximen de culpa, que si atropella a alguien no son las drogas o el alcohol sino él/ella quien lo hace; que si roba a alguien es el/ella quien lo hace, que la responsabilidad derivada de sus actos es suya y sólo suya porque suyas son las acciones y las consecuencias que de ellas se derivan y que resultan merecedoras de repulsa o elogio.
Ser persona es ser responsable, es aprender que debemos ser cuidadosos con lo que hacemos ya que nuestros actos conllevan consecuencias.
Si yo una noche bebo sin medida, cojo el coche con tres amigos dentro y me estrello matándolos a los tres, podré pretender que la culpa fue del alcohol pero no mía, pero esta pretensión matará mi alma, me impedirá la redención y me pondrá para siempre en manos del alcohol; para poder ser irresponsable yo, tendrá que ser responsable el alcohol y esto le dará poder sobre mi vida para siempre: el alcohol es poderoso, yo no; el alcohol es responsable, yo no.
¿Cuál es la realidad? Yo fui responsable, fue mi irresponsabilidad con el alcohol la que provocó el problema. Y puesto que yo fui el responsable, debo asumir mi responsabilidad y pagar por lo que hice para ponerme en paz conmigo mismo y es que de lo contrario ¿cómo podría perdonarme?
Cada uno de nosotros es responsable de sí mismo y debe dar cuenta de sí.
Posiblemente no haya ningún dios vengador esperando para pesar nuestra alma, ningún tribunal de dios para evaluar nuestra vida, pero jamás podremos librarnos de nosotros mismos y de nuestro juicio acerca de lo que somos y lo que hacemos salvo que abracemos la irresponsabilidad y nos entreguemos a ella, optando de esta manera por la locura y la muerte en vida.
Resumiendo: Somos lo que hacemos y eso es fantástico ya que por malas que hayan sido nuestras acciones hasta este momento, podemos cambiar.
No intentes cambiar lo que eres, fracasarás, cambia lo que haces, guíate por tus valores y serás dueñ@ de tu vida, un ser humano cabal, digno de la vida.
Y eso es lo que nos deseo a tod@s en este lluvioso domingo de abril, que cuando echemos la vista atrás nos sintamos orgullosos de ser quienes somos, de haber crecido para convertirnos en personas responsables, íntegras, en seres humanos dignos de esta vida que nos ha sido dada para llevarla a su plenitud.
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