Perdón

Hoy he soñado con Josefo. Es raro ya que en general no recuerdo lo que sueño. Es aún más raro ya que, como recogí en otra entrada de este blog, fue mi pareja de la primera juventud, era un maltratador y han pasado más de veinte años desde la última vez que nos vimos.
Es extremadamente raro porque en mi sueño había cariño, aprecio, deseo. En mi sueño podía recordar cómo habían sido las cosas y también que los de entonces, como en el poema, no éramos los mismos y podíamos dar rienda suelta al amor que realmente sentíamos y no supimos cuidar. En mi sueño éramos dos seres maravillosos, llenos de amor, de respeto y de deslumbrado reconocimiento del otro.
Ha sido un sueño lleno de amor y sensualidad que me ha dejado un fantástico poso al despertar. Ahora que puedo sentir un gran amor por mí misma he podido rescatar mi amor por él, ese amor que en su momento no fuimos capaces de vivir; demasiada necesidad de amor te hace incapaz de amar y eso fue lo que nos pasó: demasiado miedo para mostrarnos, demasiado miedo para darnos, para apoyarnos, para compartir. Ahora, después de tantos años, por fin la herida ha sanado: ya no hay odio, ya no hay enfado, ya no hay queja, queda el amor.
Ojalá pudieses leer ésto; posiblemente no entendieses nada, posiblemente aún estés instalado en el rencor pero hoy y aquí puedo recordar el ser cálido, frágil y divertido que eras, el narrador maravilloso de mágica voz, tu parte tímida y vulnerable que tanto hiciste para matar, que tanto hice yo para matar, y como aquella tarde hace ya tanto olvidada ¿te acuerdas, tienda de campaña, Cantabria y todo el dolor del mundo? lloro por los que fuimos y por todo aquello que no pudo ser. Hoy te recuerdo y de nuevo te quiero.
Esta es mi reconciliación y mi despedida. Suerte dulce Josefo, ojalá encuentres tu camino en este mundo y puedas sanarte y brillar

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