Ciudadanía responsable

Una de las características más deplorables de las sociedades democráticas es que tienden a generar ciudadanos muy conscientes de sus derechos y demasiado poco de sus deberes y obligaciones para con la comunidad. Creo que uno de los deberes de los ciudadanos debería ser la realización de trabajos comunitarios como medio de generar valor, proporcionar ayuda a los más desfavorecidos desde la solidaridad, crear conciencia social y aportar a la comunidad una parte de nuestro trabajo.

Parece que los experimentos de Pol Pot y de Cuba hayan servido como vacuna para erradicar una de las mejores y más solidarias ideas.

En España, con una ciudadanía tremendamente irresponsable en cuanto a sus deberes cívicos y proclive a actuar como si lo público no fuera de nadie y pudiese dilapidarse o destruirse sin pesar, el trabajo comunitario serviría para concienciarnos de que lo público es de todos puesto que todos aportamos para su existencia y todos debemos beneficiarnos de ella y que por tanto debe ser gestionado muy cuidadosamente.

Que sea una idea valiosa que debería ser implementada no dice nada acerca del cómo podría hacerse sin dar lugar a abusos y a malos usos.

Pienso que hay bastantes áreas en las que la acción comunal podría contribuir a mejorar las condiciones de vida de la comunidad: creación de jardines y huertos de trabajo ecológicos y comunales; enseñanza no formal en barrios desfavorecidos, acciones de salud preventiva, enseñanza no formal de adultos... Cada persona podría ofrecerse para hacer aquello que le gusta y sabe hacer, o sobre lo que desea aprender, de modo que el trabajo comunitario fuese una forma de desarrollo y crecimiento.

Hay otra tarea educativa muy necesaria a la que creo que todos deberíamos contribuir: la recogida de basura y desperdicios; todos deberíamos contribuir puesto que todos contribuímos a generarla. Es increíble la cantidad de basura que producimos y la dejadez y falta de cuidado que mostramos en su manejo. Te muevas por la ciudad o por el campo, la cantidad de plásticos, papeles, latas y todo tipo de etcéteras que encuentras es absolutamente deprimente. Si cada ciudadano tuviera que contribuir una vez al mes a la limpieza de su entorno, todos nos volveríamos mucho más conscientes y cuidadosos a la hora de deshacernos de los desperdicios que generamos. Eso sí sería auténtica Educación para la Ciudadanía: concienciarnos a todos de la importancia de la acción individual y su incidencia en las vidas de la comunidad y hacernos responsables de nuestros deberes ya que son ellos los que dan lugar a nuestros derechos.

Si estas ventajas no fueran suficientes hay otra que me parece fundamental, el trabajo comunitario crearía las condiciones para conocer a gente de todo tipo y condición, gente de la que no sabemos nada y a la que nunca encontraríamos en nuestro día a día.

Por supuesto, creo que será complicado y costoso implementarlo de forma que funcione para beneficio de todos, pero me parece que bien pensado y desarrollado con inteligencia e integridad los beneficios podrían ser enormes.

Y tú ¿qué opinas?

Un saludo, hermanos caminantes

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