Éxito I
Antes de empezar, dos preguntas:
- ¿Qué es el éxito?
- ¿Qué sería para ti una vida exitosa?
Según la RAE, éxito es
- Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.
- Buena aceptación que tiene alguien o algo.
Hay mucha gente dedicada a perseguir el éxito profesional, éxito que en ocasiones obtienen, pero tengo para mí que en general cuando lo consiguen descubren que el precio de ese éxito suele ser un abismal fracaso en otros ámbitos de la vida y que tras él hay muy poquita satisfacción.
Yo diría que en general los perseguidores del éxito no acostumbran a plantearse dos preguntas cruciales:
- Cuál es el precio que tendré que pagar por él. Y es que, aunque podamos empeñarnos en ignorarlo, todas las cosas tienen un precio que debe ser pagado. Perseguir el éxito muy a menudo implica desatender todo lo que no se halle relacionado con él.
- Para qué lo quiero. Si se hiciesen esta pregunta, posiblemente llegasen a respuestas como éstas: para ser admirado, para ser querido, para obtener felicidad, para desarrollar al máximo mis capacidades y posibilidades, para sentirme valioso, para sentirme satisfecho conmigo mismo y con la vida.
Si las respuestas fuesen éstas o parecidas, perseguir el éxito sería una mala elección, puesto que lo que realmente deseas, los fines que persigues, quedan supeditados al mantenimiento del medio a través del cual los obtienes, el éxito. Qué miedo debe dar perderlo cuando es él quien sustenta tu autoestima, cuando lo valioso no es tu ser sino su impostación.
Mi padre, pobrecito, ansiaba que yo tuviese éxito, que destacase, posiblemente no tanto por mí como por poder presumir ante los amigos "pues mi hija es..." y ver el brillo de la envidia en sus ojos.
Mucho más a menudo de lo que yo hubiera deseado me contaba: ¿sabes que el hijo de Paco es juez en el Tribunal de Estrasburgo? ¿sabes que la hija de...? Yo -hasta el moño-: ya, ¿y es feliz? Eso lo descolocaba un huevo. Creo que en su concepción de la vida, la cuestión era inimaginable ¿Cómo no iba a ser feliz si era juez en Estrasburgo?
Nuestra cultura promueve ese disparate y nos muestra a todas horas a los triunfadores, Brad Pitt y Angelina Jolie, la Spice pija y su futbolista, como ejemplos acabados de lo que todos deberíamos aspirar a ser. Así las cosas, hay demasiada gente que cree que, si triunfa, si obtiene éxito y reconocimiento en su profesión, por fin habrá llegado y tendrá a sus pies todo lo que su alma pueda desear.
El problema es que esta misma gente tiende a obviar que eso que cree desear es un medio para obtener un fin. La fama no es un fin, es un medio, el dinero no es un fin, es un medio, el yate y la lotería no son fines sino medios. ¿Para qué se desean estas cosas? Para tener seguridad, reconocimiento, amor, bienestar, felicidad... Estos sí son fines, cosas que nos valen por sí mismas. ¿Para qué quieres felicidad, amor o bienestar? Para tenerlos, detrás de ellos no hay nada más.
Si persigues dinero, fama, reconocimiento... si tus metas están constituidas por medios, aunque consigas lo que buscas, seguirás teniendo un enorme agujero en lo más profundo de ti y es que lo que importa, lo que realmente nos hace felices, no es el éxito o el reconocimiento sino la satisfacción de esos fines que están detrás.
No lo que piensan nuestros vecinos sobre lo que hemos conseguido en esta vida sino lo que sentimos nosotros al respecto. El éxito es sentirte en paz contigo mism@, con la gente y con la vida, y eso tiene otro nombre distinto, no éxito, sino plenitud.
Os dejo aquí una maravillosa cita sobre
El Éxito
"Reír mucho y a menudo; ganarse el respeto de las personas inteligentes y el aprecio de los niños; merecer el elogio de los críticos sinceros y mostrarse tolerante con las traiciones de los falsos amigos; saber apreciar la belleza y hallar lo mejor en el prójimo; dejar un mundo algo mejor, bien sea por medio de un hijo sano, de un rincón de jardín o de una condición social redimida; saber que al menos una vida ha alentado más libremente gracias a la nuestra: eso es haber triunfado."
Ralph Waldo Emerson
Un saludo, hermanos caminantes.
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