Higiene mental
El título no me gusta mucho pero para entendernos me parece que puede valer.
Me refiero al hecho sorprendente de que nuestra cultura, que da tanta importancia a la higiene física y considera indispensable que nos duchemos diariamente para deshacernos de la suciedad y las impurezas acumuladas durante el día, no contempla en absoluto los hábitos de higiene mental.
Me explico: a lo largo de nuestros días, nos encontramos con cantidad de "basura mental"; informaciones tóxicas, relaciones tóxicas, situaciones que nos abruman con sentimientos de culpa, ira o incompetencia, aspectos de la fealdad del mundo que se desarrollan ante nuestros ojos...
Todas estas cosas con las que a menudo nos encontramos, se nos van pegando a lo largo del día y en demasiadas ocasiones nos dejan un poso de desesperanza, tristeza, ira...del que necesitamos deshacernos; son agentes patógenos que van minando nuestra confianza en la vida y en nosotros mismos y que necesitan ser eliminados de nuestro sistema. Son heces, deshechos que no necesitamos y para los que nuestro cuerpo no posee sistemas de eliminación automáticos.
Por ello, me parece fundamental elegir una rutina de "higiene mental" que nos ayude a eliminar todas estas cosas de nuestro organismo; necesitamos hacer una limpieza todos los días que nos recuerde que no son nuestras, que aunque las llevemos encima no nos pertenecen, como no nos pertenece la tierra que se nos mete por todas partes en un día de viento.
Esta rutina debe ayudarnos a recordar que es maravilloso estar vivos en un mundo vivo del que formamos parte, que somos buenos y valiosos, que podemos elegir lo que nos conviene, que podemos cambiar nuestras circunstancias.
Yo, que como os contaba en este blog me he pasado la vida haciendo el canelo y esperando que un día las cosas cambiasen, decidí en un momento dado probar con una técnica que se suponía que proporcionaba bienestar físico, mental y espiritual.
En mi caso funcionó y a partir de ahí empecé a cambiar. Yo cambié y con ello mi vida cambió.
Creo que la mejor manera de practicar la higiene mental es contactar con la naturaleza para recordar que no estamos solos, que formamos parte de ella, que el Universo es un todo que nos incluye. Este contacto nos ayuda a contactar con lo esencial de nosotros mismos, a agradecer la vida que se nos ha dado y comprometernos a cuidarla de la mejor manera posible, esforzándonos por aprender cuál es esa mejor manera y poniéndola en práctica y por último, aprendiendo a perdonarnos cuando no estemos a la altura y aprendiendo lo que toca para hacerlo mejor en lo sucesivo.
En el próximo post os contaré cuál es mi rutina; creo que cada uno debe encontrar la suya y para eso, cuanta más información mejor. Si no tienes ninguna propia, puedes probarla o adaptarla y ver qué tal te funciona.
Un saludo, hermanos caminantes.
Me refiero al hecho sorprendente de que nuestra cultura, que da tanta importancia a la higiene física y considera indispensable que nos duchemos diariamente para deshacernos de la suciedad y las impurezas acumuladas durante el día, no contempla en absoluto los hábitos de higiene mental.
Me explico: a lo largo de nuestros días, nos encontramos con cantidad de "basura mental"; informaciones tóxicas, relaciones tóxicas, situaciones que nos abruman con sentimientos de culpa, ira o incompetencia, aspectos de la fealdad del mundo que se desarrollan ante nuestros ojos...
Todas estas cosas con las que a menudo nos encontramos, se nos van pegando a lo largo del día y en demasiadas ocasiones nos dejan un poso de desesperanza, tristeza, ira...del que necesitamos deshacernos; son agentes patógenos que van minando nuestra confianza en la vida y en nosotros mismos y que necesitan ser eliminados de nuestro sistema. Son heces, deshechos que no necesitamos y para los que nuestro cuerpo no posee sistemas de eliminación automáticos.
Por ello, me parece fundamental elegir una rutina de "higiene mental" que nos ayude a eliminar todas estas cosas de nuestro organismo; necesitamos hacer una limpieza todos los días que nos recuerde que no son nuestras, que aunque las llevemos encima no nos pertenecen, como no nos pertenece la tierra que se nos mete por todas partes en un día de viento.
Esta rutina debe ayudarnos a recordar que es maravilloso estar vivos en un mundo vivo del que formamos parte, que somos buenos y valiosos, que podemos elegir lo que nos conviene, que podemos cambiar nuestras circunstancias.
Yo, que como os contaba en este blog me he pasado la vida haciendo el canelo y esperando que un día las cosas cambiasen, decidí en un momento dado probar con una técnica que se suponía que proporcionaba bienestar físico, mental y espiritual.
En mi caso funcionó y a partir de ahí empecé a cambiar. Yo cambié y con ello mi vida cambió.
Creo que la mejor manera de practicar la higiene mental es contactar con la naturaleza para recordar que no estamos solos, que formamos parte de ella, que el Universo es un todo que nos incluye. Este contacto nos ayuda a contactar con lo esencial de nosotros mismos, a agradecer la vida que se nos ha dado y comprometernos a cuidarla de la mejor manera posible, esforzándonos por aprender cuál es esa mejor manera y poniéndola en práctica y por último, aprendiendo a perdonarnos cuando no estemos a la altura y aprendiendo lo que toca para hacerlo mejor en lo sucesivo.
En el próximo post os contaré cuál es mi rutina; creo que cada uno debe encontrar la suya y para eso, cuanta más información mejor. Si no tienes ninguna propia, puedes probarla o adaptarla y ver qué tal te funciona.
Un saludo, hermanos caminantes.
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