Tu vida es AHORA
Hay un tiempo para vivir y un tiempo para morir. Ayer murió alguien a quien amaba y hoy lloro por ella. No por su muerte, por la que he rezado desde que la ingresaron hace 5 días, sino por su vida. Esa vida que no vivió ni fue capaz de imaginar como suya, esa vida que no construyó.
Pasó por la vida sin dejar huella y sin dejar huella se ha ido. Todas sus capacidades, todas sus posibilidades quedaron sin cumplir.
Si al morir pusiesen en una balanza ante nuestros ojos por un lado los instantes que nos fueron concedidos, por el otro los que realmente disfrutamos, la gran mayoría de nosotros encontraríamos una inmensa cantidad de vida desaprovechada; en el caso de mi tía, esta desproporción adquirió unas dimensiones descomunales.
Vivió 85 años ignorante de sí misma, de su valía, de las infinitas posibilidades que guardaba dentro de sí esperando su realización.
Vivió 85 años esperando, esperando quizá que las cosas cambiasen, que la vida le trajese lo que anhelaba, que por fin mañana fuese un día feliz. Se le fue la vida esperando y ayer esa vida, esos 86 años pasados pero no vividos se le fueron. Ayer esa vida con todas sus posibilidades llegó a su fin; se había acabado el tiempo de vivir, era el tiempo de morir.
No lloro su muerte. Con la cabeza muy perdida ya, muy inconsciente de la vida que se desarrollaba a su alrededor, la misericordiosa muerte vino a rescatarla de un futuro de residencia con su carga de dolor y soledad. Lloro su vida sin empezar, tantas posibilidades incumplidas. Te lloro a ti, mansa y dulce Tiyei, tu renuncia a la vida, tu tristeza, tu pena, tu rabia tan escondida, tu miedo, esa soledad del que no ha aprendido a acompañarse. Lloro todo eso que tomó el lugar de la vida que no supiste construirte, que ni siquiera supiste que podías construir.
Ayer te fundiste con El Infinito, El Todo, La Naturaleza, El Ser... y siento que todo está bien. Adiós, Tiayei, ojalá nadie más tenga tan triste epitafio: murió a los 86 años sin haber vivido.
Hay demasiad@s Tiyeis en este mundo, demasiada gente que padece su vida sin asumir la responsabilidad de cambiarla. La cuestión es que podemos hacerlo, todos podemos; no somos los actores, somos los guionistas de la representación, somos los que escribimos el papel; nuestra vida se escribe con lo que hacemos con ella HOY, AHORA. Creamos nuestra vida con nuestras elecciones, nuestras decisiones y nuestras omisiones de ahora. Es en el ahora donde, consciente o inconscientemente, nos asumimos creadores o actores, es en el ahora donde se resuelve qué haremos, si cuidarnos o quejarnos.
Pasó por la vida sin dejar huella y sin dejar huella se ha ido. Todas sus capacidades, todas sus posibilidades quedaron sin cumplir.
Si al morir pusiesen en una balanza ante nuestros ojos por un lado los instantes que nos fueron concedidos, por el otro los que realmente disfrutamos, la gran mayoría de nosotros encontraríamos una inmensa cantidad de vida desaprovechada; en el caso de mi tía, esta desproporción adquirió unas dimensiones descomunales.
Vivió 85 años esperando, esperando quizá que las cosas cambiasen, que la vida le trajese lo que anhelaba, que por fin mañana fuese un día feliz. Se le fue la vida esperando y ayer esa vida, esos 86 años pasados pero no vividos se le fueron. Ayer esa vida con todas sus posibilidades llegó a su fin; se había acabado el tiempo de vivir, era el tiempo de morir.
No lloro su muerte. Con la cabeza muy perdida ya, muy inconsciente de la vida que se desarrollaba a su alrededor, la misericordiosa muerte vino a rescatarla de un futuro de residencia con su carga de dolor y soledad. Lloro su vida sin empezar, tantas posibilidades incumplidas. Te lloro a ti, mansa y dulce Tiyei, tu renuncia a la vida, tu tristeza, tu pena, tu rabia tan escondida, tu miedo, esa soledad del que no ha aprendido a acompañarse. Lloro todo eso que tomó el lugar de la vida que no supiste construirte, que ni siquiera supiste que podías construir.
Ayer te fundiste con El Infinito, El Todo, La Naturaleza, El Ser... y siento que todo está bien. Adiós, Tiayei, ojalá nadie más tenga tan triste epitafio: murió a los 86 años sin haber vivido.
Hay demasiad@s Tiyeis en este mundo, demasiada gente que padece su vida sin asumir la responsabilidad de cambiarla. La cuestión es que podemos hacerlo, todos podemos; no somos los actores, somos los guionistas de la representación, somos los que escribimos el papel; nuestra vida se escribe con lo que hacemos con ella HOY, AHORA. Creamos nuestra vida con nuestras elecciones, nuestras decisiones y nuestras omisiones de ahora. Es en el ahora donde, consciente o inconscientemente, nos asumimos creadores o actores, es en el ahora donde se resuelve qué haremos, si cuidarnos o quejarnos.
Que nadie tenga que llorar tu vida. Ahora es el tiempo de vivir. Vive ahora, ama ahora, cuídate ahora, descubre tus sueños y paga el precio por hacerlos realidad. El tiempo es ahora.
Para mí que escribo esto, para ti que me lees,
es el tiempo de vivir.
Para mí que escribo esto, para ti que me lees,
es el tiempo de vivir.
Hoy, Ahora
Un saludo y mucha vida, compañer@s

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